Una está descubriendo que al cumplir cierta edad, parece que nada va a sorprenderle: conoce la reacción de la gente por la experiencia, sabe solventar problemas con soluciones antiguas y ya casi no incorpora nada nuevo a su aprendizaje porque el bagaje que acumula es importante. Y sin embargo, llega una inclemencia del tiempo, algo tan fácil como una nevada es capaz de despertar nuevos sentimientos y sensaciones.
Recuerdo que desperté, amanecía y el cielo se entreveía por entre las cortinas ligeramente rosado. Recordé lo que mi amiga Nuria me comentó acerca del color del cielo justo inmediatamente antes de nevar. Cuando me levanté y abría la ventana...Dios, todo era blanco!!!! El verde de los pinos se escondía, el marrón del macizo se veteaba y la nieve blanca, inmaculada lo cubría todo.
Abajo, en el post anterior tenéis el testimonio gráfico. No puedo olvidar la sensación de los copos cayendo lentos sobre mi cara. El cri-cri de las pisadas sobre la nieve tersa y blanda al apoyarte sobre ella. La sorpresa de ver como el frío hielo no se derrite en tu mano al moldearlo como una pelota. Hemos disfrutado y hemos pasado mucho frío....eso sí, yo sigo pensando que soy más de arena y playa, por mu fría que esté el agua de La Antilla!
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30 noviembre 2008
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1 comentario:
hola hf: por lo menos has tenido el regalo de la nieve pero y la que ha pasado el mismo frio y encima no ha quedado ni una gota ni de agua ni de nieve.Lo de Gualalajara en cuanto al tiempo es increible, menos mal que el resto ha sido estupendo.
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